sábado, 9 de agosto de 2008



Todas las comunidades están denunciadas por “usurpación” del espacio donde siempre vivieron.

AnA: Huellas de la Campaña del Desierto

AnA: Huellas de la Campaña del Desierto


Leyes que no se cumplen



Por Eduardo Raúl Hualpa *

La llamada “Campaña del Desierto” fue el mecanismo de apropiación militar de las tierras que poseían los indígenas. En la misma Constitución fundante de nuestra Nación se ordenaba al Congreso: “Proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios y promover la conversión de ellos al catolicismo”. Recién un siglo después, en la vuelta a la democracia, la presión de organizaciones indígenas condujo que se apruebe la ley 23.302, de política y apoyo a las comunidades aborígenes. Aunque con importantes resabios asistencialistas, fue un avance importante. Un rebote de ello fueron nuevas y numerosas normas provinciales, en la década del ’80 y principios del ’90, incluidas reformas de constituciones que consagraron los derechos indígenas.
En 1989, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revisó el Convenio 107 y aprobó el 169. Introdujo el concepto de “Pueblos Indígenas” y se retractó del carácter asimilacionista del anterior. Fue ratificado en Argentina recién diez años después.
La reforma de la Constitución de 1994, mediante el artículo 75 inciso 17, reconoce la preexistencia étnica y cultural, garantiza el respeto a su identidad, educación bilingüe e intercultural, personería jurídica de sus comunidades, posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan, entrega de otras aptas y suficientes, asegura la participación en la gestión de los asuntos que los afecten, especialmente en materia de recursos naturales. Una legislación de avanzada, enorme paso para los Pueblos Indígenas, imposible de darse sin la constante movilización de las comunidades. En septiembre pasado, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de los Derechos Indígenas, otro paso fundamental, ahora a nivel global.
Pero la realidad está alejada de toda la legislación. La depredación de los territorios indígenas a manos de las empresas mineras, petroleras, madereras, turísticas, inmobiliarias, Estado, Ejército y especialmente el avance de la frontera agrícola con la soja denuncia a diario el incumplimiento de los derechos indígenas.
A catorce años de la reforma constitucional, los Pueblos Indígenas continúan en lucha, preservando su cultura, movilizados, defendiendo y recuperando territorio. Quizá se pregunten quién es más atrasado: el que tiene una historia aún no escrita, o el que no cumple lo que escribe y viola a diario los derechos humanos.


* Abogado especializado en Derecho indígena.

Huellas de la Campaña del Desierto

Los reclamos históricos

Por Alejandra Dandan

El derecho sobre las tierras que ocupan, los bienes naturales que poseen y la preservación del medio ambiente; autonomía y participación en los asuntos que les conciernen; derechos colectivos, cultura, identidad, educación, salud, empleo e idioma son reclamos históricos de los pueblos indígenas del mundo, unas 370 millones de personas que hoy conmemoran su Día Mundial, en referencia al 9 de agosto de 1982, cuando se realizó la primera reunión del Grupo de Trabajo sobre los Pueblos Indígenas de la ONU. Según datos de la misma organización, los cinco mil pueblos indígenas que existen en 70 países son los más afectados por la pobreza: son el cinco por ciento de la población mundial y, al mismo tiempo, representan el 30 por ciento de los 900 millones de personas que subsisten en la extrema pobreza.
También sufren el etnocidio, la posibilidad de desaparición como pueblos y culturas. De las 6700 lenguas que se hablan en el mundo, 4000 son indígenas y están en peligro de extinción y de ser sustituidas por lenguas dominantes. Y debido a violaciones a los derechos humanos y al deterioro del medio ambiente, el 50 por ciento de los indígenas fueron desplazados de sus territorios ancestrales y viven en las ciudades.
Entre los reclamos históricos de los pueblos indígenas de América sobresalen las matanzas que sufrieron para ser despojados de territorio. Que el Ejército hoy permanezca en territorio ancestral es considerado por las comunidades como la permanencia de un crimen aún impune.

lunes, 4 de agosto de 2008

Juicio en Tucumán a Antonio Bussi y Luciano Menéndez

Desde mañana, Tucumán vivirá un hecho histórico como consecuencia de la celebración del primer juicio oral y público por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar, en el que los imputados son los ex represores Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez, quien hace unos días fuera condenado a cadena perpetua por la comisión de delitos de lesa humanidad cometidos en Córdoba durante la dictadura militar.
En las audiencias de debate, a los militares retirados les imputarán los delitos de violación de domicilio y violación ilegítima de la libertad agravada, aplicación de tormentos reiterados, homicidio calificado y asociación ilícita en perjuicio del ex senador provincial justicialista Guillermo Vargas Aignasse, desaparecido en 1976.
Cuando el 27 de diciembre de 2007 dispuso la elevación a juicio de la causa, el juez federal Daniel Bejas concluyó que todos los hechos ilícitos debían ser imputados en concurso real con el delito de lesa humanidad y dentro del marco del delito de genocidio previsto por el Derecho Penal Internacional.
El diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse, hijo de la víctima, aseveró que "esta causa es emblemática, porque pulveriza de manera contundente la infame teoría de los dos demonios, habida cuenta de que era un senador provincial, sin antecedentes penales, profesor universitario, sin participación en ninguna facción beligerante y que sólo se opuso al golpe".

sábado, 21 de junio de 2008

Juicio a Menéndez - Córdoba Argentina - Tribunales Federales - Junio/08




El entusiasmo de los asistentes por estar presentes, conscientes de la trascendencia histórica que tiene este juicio se renueva día a día. Por el contrario, las butacas que ocupan los imputados, protegidas por una caja de vidrio blindado, se vacían sistemáticamente. Los genocidas que se creyeron dioses, dueños de la vida y amos de la muerte, no toleran escuchar sus aberraciones.


Algunos argumentan enfermedades falsas, otros desconocen toda justicia que no sea militar y manifiestan su descontento enlutando la escarapela que cuelgan de sus solapas. Otros (la patota) se queda y anotantodo, aun pretenden intimidar con su presencia a los testigos.


El dato es que el viernes pasado, como único testimonio se exhibió el documental “El Horror está Enterrado en San Vicente” y en esta oportunidad, por primera vez en lo que va del juicio, los ocho abandonaron sus butacas para refugiarse en una sala contigua, para no ver las evidencias de su horror. Se supo también que el televisor con el que los imputados pueden seguir el debate desde esta habitación, fue apagado por orden de Menéndez.

Párrafo aparte para los tres que no están: Anadón, Centeno y Luján.Recordemos que esta causa contaba con once imputados, tres se murieron en el camino, razón por la cual quedan sobreseídos. 32 años fue demasiada espera. Nos quedamos con la intriga de cómo hubiesen estado sus caras tras esos vidrios blindados que los “protegen”, o su mirada a los ojos de quienes torturaron, o su quebradiza voz ante las preguntas del Tribunal. En nuestra memoria quedaran como lo genocida que fueron.

El 11 de junio de 1976 Susana Sastre fue secuestrada y llevada a la Perla donde estuvo cautiva 8 meses.

El 11 de junio de 2008 Susana Sastre acompañó al Tribunal a La Perla para realizar un reconocimiento ocular del sitio. Pasaron exactamente 32 años.



Luis Rodeiro escribe "Dos Instantes"


Marcelo Meloni escribe "El Padre" de la Aberración"


César Pucheta escribe "Huellas"







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Fotos de desaparecidos durante la dictadura militar de 1976–1983 en el Pje. Santa Catalina, ciudad de Córdoba, Argentina. Conmemoración del 32º aniversario del golpe militar. Al fondo, una torre de la Catedral de Córdoba, cuyo arzobispo en aquel entonces, el Cardenal Primado de Argentina Raúl Primatesta, apoyó a los golpistas e impidió, en tanto pudo, toda crítica de la Iglesia hacia el gobierno de facto.



Pictures of desaparecidos (victims of forced disappearance) during the Argentine military dictatorship of 1976–1983, at Santa Catalina Passage, Córdoba City, Argentina. This was taken just prior to the day of the commemoration of the 32nd anniversary of the coup d'état. In the background, one of the towers of the Cathedral. The archbishop of Córdoba at the time, Primate of Argentina, Cardinal Raúl Primatesta, supported the coup and forbade, whenever possible, criticism to the de facto government coming from members of the Church.



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jueves, 5 de junio de 2008

CAUSA BRANDALISIS: JUICIO A MENÉNDEZ Y OTROS GENOCIDAS



En un extenso y sólido testimonio, la sobreviviente Teresa Meschiati describió en detalle la estructura interna del campo de concentración y los padecimientos de sus prisioneros, entre los que recordó a las cuatro víctimas de esta causa: Humberto Brandalisis, Carlos Lajas, Hilda Palacios y Raúl Cardozo.


La Asistente Social, hoy jubilada del Estado suizo (donde se exilió 25 años), es la primera testigo en la causa Brandalisis. En seis horas de declaración ratificó que por La Perla pasaron unos 2000 prisioneros. Asegura que Luciano Benjamín Menéndez visitó dos veces el lugar y que además les robó a los Montoneros dos valijas con dólares que no repartió.La Defensa, por su parte, comienza con tácticas intimidatorias y de amedrentamiento obligando a la testigo a dar el nombre de una compañera.


Con voz segura, Teresa Meschiati, reconoce a los acusados; uno a uno los nombra por sus apellidos y alias. El abogado de la familia Lajas -Mauro Ompre- indaga sobre el aspecto de Acosta que lleva pelo largo, barba y bigote. Responde que en aquella época ya usaba el pelo a la altura de los hombros. Tras reconocer sus anteriores testimonios y firmas realizados ante Naciones Unidas (1980) Conadep (1983) y en Córdoba (2003), ratifica esos dichos y comienza el interrogatorio.






La objetividad frente al horror


Escrito por Mariano Saravia, periodista cordobés


El martes 27 de mayo comenzó finalmente el juicio oral y público a Luciano Benjamín Menéndez, máximo responsable del terrorismo de Estado en Córdoba durante los años 70.

Después de 25 años de democracia finalmente se hará justicia con uno de los mayores genocidas de la Argentina, luego de que en 1989 fuera salvado a dos semanas de ser juzgado por el indulto de Carlos Menem. Ahora bien, ¿Menéndez y los otros siete acusados en esta causa fueron personajes aislados que de pronto enloquecieron y cometieron los peores delitos de lesa humanidad? ¿O más bien fueron parte de un engranaje mayor que llevó adelante un plan sistemático? Y si fue así, ¿por quién fue diagramado ese plan? Sabemos que fue ejecutado por los militares que habían usurpado el poder político. Pero el poder económico, ¿en manos de quién estaba? ¿A quién representaba José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía de Videla? O Domingo Felipe Cavallo, ilustre producto cordobés mejorado en Harvard.


Quizá sea muy difícil probar judicialmente la vinculación directa entre un plan económico de desindustrialización y concentración de la riqueza con el genocidio, pero podríamos hacerle caso a Kertesz cuando dice que luego del horror “sólo queda resistir con palabras ciertas”. Y las palabras deben ahondar más allá de una eventual condena a Menéndez, el ejecutor del genocidio.
Después de La Perla, no se puede seguir viviendo ni haciendo periodismo como antes. Entre otras cosas, no se puede seguir con la cantinela de la objetividad. ¿Cómo ser objetivo ante el horror? ¿Cómo ser tan cínico al estilo Mariano Grondona, que sentó a su mesa de un lado al torturador Etchecolatz y del otro lado a su torturado Alfredo Bravo? Como escribió en cierta ocasión el periodista Alexis Oliva en la revista Umbrales, “la teoría de las dos campanas da paso inmediato a la teoría de los dos demonios”.


Eso fue exactamente lo que hicieron vergonzosamente muchos periodistas cuando le pusieron gratuitamente el micrófono a Cecilia Pando o a Jorge Alberto Agüero, dos caricaturas grotescas de la defensa de los que violaron los derechos humanos.


Hoy es fácil subirse al caballo y condenar verborrágicamente a Menéndez, porque las condiciones sociales no dan lugar a otra cosa, pero mucho menos común es hurgar más en la mugre más asquerosa de nuestro pasado reciente. Si no se puede ser objetivo con los ejecutores del genocidio, tampoco debería ser posible frente a las fuerzas que lo impulsaron. Concretamente es la política económica de los grupos concentrados de sectores industriales, financieros y agropecuarios. La misma política económica que llegó a su máxima expresión durante el menemato y que generó las condiciones de miseria que dieron origen luego a la marginalidad y a la exclusión.
Hoy hay por lo menos cinco millones de compatriotas que están en esta situación de miseria, marginalidad y exclusión, que ya no sirven al sistema ni siquiera para ser explotados y por lo tanto, a los ojos de los poderosos están sobrando. Este es el nuevo genocidio en marcha, el que bajo la nueva bandera de luchar contra la inseguridad, lo que se busca es invisibilizar a los nuevos indeseables, con cárceles o directamente con policías entrando a sangre y fuego en las villas miserias.


¿Cómo ser objetivos ante esto? ¿Cómo podemos seguir viviendo nuestras vidas igual que antes de tanto horror? Veinticinco años después de la vuelta de la democracia, como sociedad buscaremos justicia para el genocida. Pero quedan muchos esfuerzos por destinar a que el horror no vuelva a ocurrir.


Un verdadero “Nunca más”.

lunes, 5 de mayo de 2008

9 DE MAYO "CLASE ABIERTA"


"VERSOS APARECIDOS"


DE CARLOS AIUB



INVITADOS ESPECIALES:


-JUAN AIUB RONCO, hijo de Carlos


-JULIAN AXAT, poeta e hijo de desaparecidos


CHARLA Y MUESTRA DEL PROYECTO


"VERSOS APARECIDOS; DANZAS HABITADAS2


EN EL AULA 220 A LAS 19HS



Sobre los prólogos


Estos Versos


Muchas veces los HIJOS fantaseamos con verlos aparecer.Nuestros viejos se nos instalan a veces en los sueños, en esos en los que te haces un bollito en la cama y sentís cómo te abrazan y que te dicen cosas al oído que no son palabras. Entonces sabés que están cerquita. Cuando despertás, seguís hecho un ovillito y abrazás a la almohada para que no se escapen.Otras veces los confundimos en la calle, metamorfoseamos otras caras en las de ellos para verlos ir a trabajar, o esperar un micro, o caminar bajo los tilos; porque los queremos volver a ver, para imaginarlos en una supuesta rutina cotidiana.También aparecen de otras maneras: se filtran en nuestra memoria como cuadros cubistas compuestos con las cuatro o cinco fotos que nuestras familias lograron rescatar; en los gestos que hacemos y sus amigos reconocen en nosotros; cuando abrazamos a nuestros hijos como ellos lo hubieran hecho.Esta vez es Carlos, el papá de Juan y de Ramón el que aparece en sus versos. En estos versos que nos cuentan mucho: el amor a su compañera y mamá de “los chicos” -como nos llaman nuestros abuelos-; el compromiso urgente con una realidad que pedía a gritos un camino de lucha hacia la liberación de nuestro pueblo; el respeto a los compañeros; la alegría inmensa de palpar la vida a través de sus hijos…Y así, una vez más, aparecen los desaparecidos. Siempre cuando los necesitamos y los sentimos vivos caminando a nuestro lado. Recitando estos versos, que también hablan de nosotros.
Verónica Sanchez Viamonte
La Plata Junio de 2007.-

VERSOS APARECIDOS de Carlos Aiub

Poema número dos
pienso en la muerte

desde hace varios días pienso en la muerte esa que puede venir

en cualquier momento y borrarlo todo

claro para vos se entiende

dejándote la duda de si empezás de nuevo las horas y los días

los que cuidas ya no mucho para no olvidarte

y los otros que tampoco olvidás

los que tantas veces quisiste

que no fueran con ganas de dejar de ser vos mismo aunque con miedo

los sueños una y otras vez reemplazados hasta este último tal vez definitivo

algunas flores que fueron flores y después fueron muriendo

los versos que aún intentás a golpes

el amor y el odio juntos

sin saber cuál es cuál a partir de algún momento

el camino interminable y tal vez nunca interminado

la vida hecha hombre

la podredumbre y las cosas lindas siempre todo junto

los recuerdos amontonados

junto a los por qué diablos no los hice

todo eso

la muerte que lo borrará todo y algo más que ahora no recordás

todo eso que fuiste bien o mal oh concepto liberal sin que te alcance nunca

cuando llegue la muerte y te tome desear estar en otra cosa

que te tome así y no temer

como forma de escaparte lejos por un rato

como tantas veces lo intentaste o lo pensaste

un poco de vino para borrar las penas o alguna droga

para olvidar la tierra

o simplemente querer seguir durmiendo cuando ves

que todo sigue igual ahí en tu pieza

la muerte pensada así y no temida

mas la muerte que así no existe y entonces sí temer

temer el dolor con que penetre el golpe que te dé

temer el dolor como cuando siempre

la forma del dolor y de la muerte empezás también a imaginarla y temés

temés también tu olvido

o algo así

el qué pensarán de vos

si te recordarán

si tu nombre bautizará algo o servirá para algo

temer el final que no te deje ver el final

la victoria viste

las cosas nuevas que buscás

el nuevo sueño chiquitín continuado

temer todo eso y entonces si temer la muerte que se puede venir

y no la deseás

y te aferrás a la vida con todo

porque querés vivir simplemente para ver cuando al final la vida viva

el nuevo dolor lo pensás más tarde.-



Pasaron ya treinta años desde el secuestro de Carlos, durante los cuales sus escritos pasaron de manos hasta llegar a las definitivas: las nuestras, las de sus hijos. Como padres inexpertos, sobreprotegimos el cuaderno recluyéndolo en el silencio y la seguridad del cofre destinado a los patrimonios más valiosos -a esos pocos legados tan inevitablemente propios como la sangre- donde esperó por años el fin de su cautiverio. Hoy hemos decidido por fin liberar los versos, aparecerlos, abrir la posibilidad a un pequeño triunfo, a ganar una mínima batalla: la de volver a Carlos entre nosotros y, a través de su poesía, retomar su voz inconclusa.
La mayoría de estos poemas no poseen título, solo unos pocos recibieron nombre. Algo similar ocurre con las fechas, no todas fueron registradas por Carlos. Esta publicación respeta el orden espacial que ocupaban los poemas dentro del cuaderno, y de acuerdo a ese orden han sido, tal vez irrespetuosamente, numerados. Contemplando aquellos poemas fechados, resulta extraña la inexistencia de una línea cronológica dentro del ordenamiento espacial; una posible explicación imagina al cuaderno conteniendo trascripciones de una selección realizada por Carlos, hipótesis probable dado el confiado uso de la tinta y las escasas correcciones. Hemos decidido además, acompañar las transcripciones con algunas copias de los poemas originales –de color amarillo tiempo- que nos permiten imaginar, como quien mira una vieja cinta “Super 8”, los movimientos cautos de su mano derecha hacedora de palabras cuyas mayúsculas no logran distanciarse.
Carlos nació en Coronel Dorrego y entre colegio, fútbol –con mas ganas que habilidad, según cuentan-, clases de plástica y algo de Beatles, trascurrieron allí su infancia y juventud junto a sus hermanos menores, Riqui y Marita. Algunas viejas fotos lo delatan por esos años sobre el altar de la Iglesia del pueblo, primero como disciplinado monaguillo y luego como miembro de Acción Católica, confirmando su condición de chupasirio, tal como muchos lo recuerdan cariñosamente.
Una vez terminados sus estudios secundarios, Carlos emigró a La Plata a estudiar Geología, carrera en la que se graduó tiempo después. Durante esos años, la facultad, la pensión y la realidad descubrieron para él que la iglesia no era herramienta suficiente para alcanzar los cambios legítimos con los que comenzaba a soñar. Se acerca al Peronismo de Base e inicia su militancia barrial; allí conoce a Beatriz Ronco -Bea en sus poemas- quién fue su compañera, esposa y con quién tuvo dos hijos varones. Juntos y en compañía de Riqui, eligen al Movimiento Revolucionario 17 de Octubre (MR-17) como nuevo espacio de lucha, sería el nuevo y definitivo. El golpe de estado de 1976 hirió trágicamente a la historia del pueblo argentino y lo hizo con la misma intensidad en la familia Aiub: el 9 de Junio de 1977 detuvieron en La Plata a Beatriz Ronco y Ricardo Aiub, al día siguiente a Carlos, de quienes jamás se conoció su paradero; un mes después en un operativo asesinaron a Marita, a su esposo Rafael y a Claudio, el hijo de ambos de solo dos meses de edad; también en julio de ese año, secuestraron en Coronel Dorrego a Maria, la madre de los hermanos Aiub, que tras ser brutalmente torturada, fue liberada días después. Con estas desapariciones y asesinatos aún cercanos en tiempo y espacio, fue hallado el viejo cuaderno anillado que todavía atesora los versos de nuestro padre; versos aparecidos.
La literatura fue una de las grandes pasiones de Carlos, él amaba la lectura y aún graduado y trabajando como docente en el Museo, continuaba sosteniendo su trabajo alternativo de venta ambulante de libros. La búsqueda por conocer qué libros habitaron su biblioteca no ha sido muy esclarecedora, a través de testimonios solo descubrimos que alguna vez recomendó como de lectura imprescindible a "A sangre fría" de Truman Capote y "Otra vuelta de tuerca" de Henry James. Es en este campo de sensibilidad y letras, donde nuestro padre libra batallas por escribir poesía o como el mismo definió por “escribir esos versos que aún intentás a golpes”.
Sus poemas sangran ante las evidencias de un mundo cruelmente desigual y persiguen el vértigo y la intensidad de una transformación urgente. Son flechas certeras que decodifican un universo de entrega y compromiso, donde la cercana posibilidad de la muerte no está siquiera seducida por la duda de una alternativa posterior, sino padecida como el vacío que no permitirá sintetizarse en ese triunfo inexorable. Su poesía encuentra espacios para reconocer en su amor por Bea al motor necesario para el cotidiano andar dentro de la realidad viscosa; nos cuenta sobre sus hijos, flores y proyectos, temiendo una violenta imposibilidad a verlos crecer, pero confiando en la libertad como único posible legado.
Hace algún tiempo, Juan Gelman, recordando a Paco Urondo, describía la indivisible unión entre militancia y poesía que el poeta desaparecido había alcanzado:
“No hubo abismos entre experiencia y poesía para él; corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento."
Difícilmente encontremos un modo más claro para entender la vida y la poesía de Carlos Aiub.
El rescate de estos versos hacia su publicación en papel y en su hermano formato web (www.versosaparecidos.com.ar) hubiese sido imposible sin la desinteresada entrega de Emiliana Carricondo, Julian Axat, Soledad Rodriguez Sabater, Verónica Sanchez Viamonte y José María Pallaoro. Imprescindible también resultó HIJOS y su incansable lucha, refugio desde donde aprendimos a reencontrarnos con nuestros viejos. A todos ellos, infinitas gracias.-

Ramón Aiub Ronco y Juan Aiub Ronco

sábado, 26 de enero de 2008

Rapa Nui


lunes, 31 de diciembre de 2007

CON EL AÑO NUEVO LLEGARÁN ELLOS, LOS QUE FALTAN?


Ausente



¡Ausente!

la mañana en que me vaya
más lejos de lo lejos,

al Misterio,
como siguiendo inevitable raya,
tus pies resbalarán al cementerio.


¡Ausente!

La mañana en que a la playa
del mar de sombra y del callado imperio,
como un pájaro lúgubre me vaya,
será el blanco panteón tu cautiverio.


Se habrá hecho de noche en tus miradas;
y sufrirás, y tomarás entonces
penitentes blancuras laceradas.


¡Ausente! Y en tus propios sufrimientos
ha de cruzar entre un llorar de bronces
una jauría de remordimientos.


CÉSAR VALLEJO



Llegarás 2008 como todos los que llegaron, con nuestras esperanzas a cuestas, brindaremos deseando el pronto reencuentro.



martes, 11 de diciembre de 2007


Ala de colibrí


(Silvio Rodríguez)

Hoy me propongo fundar un partido de sueños,

talleres donde reparar alas de colibríes.

Se admiten tarados, enfermos, gordos sin amor,

tullidos, enanos, vampiros y días sin sol.


Hoy voy a patrocinar el candor desahuciado,

esa crítica masa de Dios que no es pos ni moderna.

Se admiten proscritos, rabiosos, pueblos sin hogar,

desaparecidos deudores del banco mundial.


Por una calle descascarada por una mano bien apretada.

Hoy voy a hacer asamblea de flores marchitas,

de deshechos de fiesta infantil, de piñatas usadas,

de sombras en pena -del reino de lo natural

-que otorgan licencia a cualquier artefacto de amar.

Por el levante, por el poniente, por el deseo, por la simiente.

por tanta noche, por el sol diario, en compañía y en solitario.


Ala de colibrí, liviana y pura.

Ala de colibrí para la cura...

lunes, 26 de noviembre de 2007

CONSTRUCCIÓN


Amó de aquella vez como si fuese la última

Besó su mujer como si fuese la última

Y cada hijo suyo como si fuese el único

Y atravesó la calle con su paso tímido

Subió la construcción como si fuese máquina

Irguió en el nivel cuatro paredes sólidas

Ladrillo con ladrillo en un dibujo mágico

Sus ojos embotados de cemento y lágrima

Sentó para descansar como si fuese sábado

Comió frijol con arroz como si fuese un príncipe

Bebió y sollozó como si fuese un náufrago

Bailó y gargalhou como si oyese canción Y tropezó en el cielo como si fuese un borracho

Y flotó en el aire como si fuese un pájaro

Y se acabó en el suelo hecho un paquete flácido

Agonizó en medio del paseo público

Murió en la contramano estorbando el tráfico

Amó de aquella vez como si fuese el último

Besó su mujer como si fuese la única

Y cada hijo como si fuese el pródigo

Y atravesó la calle con su paso borracho

Subió la construcción como si fuese sólido

Irguió en el nivel cuatro paredes mágicas

Ladrillo con ladrillo en un dibujo lógico

Sus ojos embotados de cemento y tráfico

Sentó para descansar como si fuese un príncipe

Comió frijol con arroz como si fuese el máximo

Bebió y sollozó como si fuese máquina

Bailó y gargalhou como si fuese el próximo

Y tropezó en el cielo como si oyese canción

Y flotó en el aire como si fuese sábado

Y se acabó en el suelo hecho un paquete tímido

Agonizó en medio del paseo náufrago

Murió en la contramano estorbando el público

Amó de aquella vez como si fuese máquina

Besó su mujer como si fuese lógico

Irguió en el nivel cuatro paredes flácidas

Sentó para descansar como si fuese un pájaro

Y flotó en el aire como si fuese un príncipe

Y se acabó en el suelo hecho un paquete borracho

Murió en la contra-mano estorbando el sábado


1971 - Chico Buarque (Brasil)

jueves, 22 de noviembre de 2007


"Versos aparecidos"


Libro de Carlos Aiub, poeta, docente y militante montonero.



veintinueve



cada noche de tanto en tanto
suelo contar las estrellas que restan
de aquí hasta ese universo total
(por lo pleno y compartido)
y cada mañana retomo el camino de alguna nueva estrella
y así hasta alcanzarla
cada noche de tanto en tanto
suelo contar las estrellas que restan
¡y claro que son menos las que faltan!
prosigamos entonces persiguiendo luces y andando marchas.-




viernes, 9 de noviembre de 2007

SI TENES DUDAS SOBRE TU IDENTIDAD...



comunicate con

"ABUELAS DE PLAZA DE MAYO"
teléfono: 0800-222-2285







La autopista del sur


Julio Cortázar

Gli automobilisti accaldati sembrano nom averesotiria...
Come realtà, un ingorgo automobilisticoimpressiona ma nom ci dice gran che.


ARRIGO BENEDETTI, “L'Espresso”,Roma, 21/6/1964

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Julio Cortázar(1914-1984)
Axolotl
(Final del juego, 1956)

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.
El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.
En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.
No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.
Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.
Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas... Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.
Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias de enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?
Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.
Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.
Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.
Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.

Quedan por restituir mas de cuatrocientos hijos/as de desaparecidos/as...